¡ALTO A LOS ASESINATOS DE COMPAÑEROS INDIGENAS RARAMURIS EN DEFENSA DE SU TERRITORIO!

Territorios indígenas de México, A 4 de Febrero 2017

Al pueblo de Choreachi,
A todo el pueblo rarámuri
A los pueblos indígenas
Al pueblo de México,
A los pueblos del mundo,

Nos enteramos el día de hoy de los asesinatos perpetrados contra los compañeros indígenas rarámuris Juan Ontiveros Ramos e  Isidro Baldenegro, ambos de la comunidad de Choreachi, en el municipio de Guadalupe y Calvo, Chihuahua, respectivamente el día de ayer 2 de Febrero y el otro hace 15 días.

Denunciamos de manera urgente esta nueva barbaridad contra compañeros con compromiso destacado en la lucha de su pueblo por la recuperación de su territorio acaparado desde hace más de 40 años por grandes terratenientes ganaderos y grupos de la delincuencia organizada.

Como Congreso Nacional Indígena y Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, nos solidarizamos con el pueblo rarámuri tan dolido por estos dos asesinatos que se suman a los 18 homicidios contra sus comunidades desde 1973, cuatro de ellos en el último año.

Compañeros y compañeras, ¡no están solos! Les acompañamos en su dolor, abrimos nuestros corazones a la lucha incansable que están librando contra la delincuencia organizada y terratenientes respaldados por los malos gobiernos, les ofrecemos nuestro respaldo como pueblos indígenas del país que nos organizamos para defender nuestras vidas y nuestros territorios.

¡ALTO A LOS ASESINATOS DE LUCHADORES SOCIALES INDIGENAS!

¡NUNCA MÁS UN MEXICO SIN NOSOTR@S!

CONGRESO NACIONAL INDIGENA

EJERCITO ZAPATISTA DE LIBERACION NACIONAL

Pronunciamiento de la cátedra “Tata Juan Chávez Alonso”, Jovel (San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 18 de agosto de 2013).

A los pueblos y gobiernos del mundo.

A la Sexta Nacional e Internacional.

A las alumnas y alumnos de la Escuelita Zapatista.

Así como es en el tiempo y en nuestra historia con la madre tierra; los pueblos, naciones y tribus indígenas Yaqui, Mayo, Náyeri, Wixárika, Rarámuri, Odam, Nahua, Purépecha, Nañu o Ñuhu, Mazahua, Popoluca, Tzotzil, Chol, Tzeltal, Tojolabal, Zoque, Totonaco, Coca, Mame, Binnizá, Chinanteco, Ikoot, Mazateco, Chontal, Ñu Saavi, Chatino, Triqui, Afromestizo, Mehpa, Nancue Ñomndaa, Ñhato y Maya Peninsular de los estados de Sonora, Chihuahua, Veracruz, Durango, Nayarit, Jalisco, Michoacán, Querétaro, San Luis Potosí, Morelos, Estado de México, Guerrero, Distrito Federal, Puebla, Tlaxcala, Oaxaca, Tabasco, Yucatán y Campeche; así como los pueblos  Ixil, Quiche, Quechua y Nasa de los países de Guatemala, Peru y Colombia que hemos caminado juntos y atentos, como hijos todos y todas de la madre tierra, nos encontramos y nos reconocimos los días 17 y 18 de agosto de 2013 en San Cristobal de las Casas, Chiapas, en las instalaciones de CIDECI- Unitierra, para recordar y actuar consecuentemente con la palabra viva de nuestro hermano mayor Tata Juan Chávez Alonso quien nos enseña, nos guía y cuya memoria a un año de su ausencia  se convierte en esperanza y fuerza para los pueblos que nos refundamos y reconstituimos porque hemos decidido seguir siendo los indios que somos, seguir hablando la lengua que nos hablamos, seguir defendiendo el territorio que vivimos.

Nos reconocemos en la lucha por el respeto a nuestro modo de vida ancestral, lucha que emprendimos juntos y en la que hemos hablado, hemos exigido y hemos sido reiteradamente traicionados por los malos gobiernos.

Hemos aprendido en este camino de lucha que los poderosos no tienen respeto por la palabra, la traicionan y violentan una y otra vez a lo largo y ancho de este país que se llama México, desde el desconocimiento a los Acuerdos de San Andrés Sakamchén de los Pobres, la contra reforma indígena del 2001 y las innumerables traiciones a nuestros pueblos de las diversas regiones y luchas en un México indio que se encuentra vivo, de pié  y con un solo corazón que se hace grande, tan grande como es el dolor que sufrimos y como la esperanza que luchamos, pues, a pesar de la guerra de exterminio que se ha vuelto más violenta que nunca aquí estamos.

Nos reconocemos en el camino de nuestra historia y nuestros antepasados que son presente, futuro y espejo de la autonomía ejercida en los hechos, como única vía del porvenir de nuestra existencia y que se vuelve nuestra vida comunitaria, asambleas, prácticas espirituales, culturales, autodefensa y seguridad, proyectos educativos y de comunicación propias, reivindicaciones culturales y territoriales en las ciudades por los pueblos desplazados o invadidos con una memoria histórica viva.

Somos los indios que somos, decididos a reconstituirnos en otro mundo posible.

Ese espejo profundo, antiguo y nuevo son las luchas que somos y por las que nos pronunciamos con un solo corazón y una sola palabra.

  1. Exigimos la inmediata liberación de los presos políticos en nuestro país, particularmente la de nuestro compañero indígena Tzotzil Alberto Patishtán que lleva 13 años preso injustamente purgando una ilegal sentencia  de 60 años. Asimismo exigimos la libertad de nuestros seis hermanos Nahuas de la comunidad de San Pedro Tlanixco, presos injustamente desde hace 10 años en el penal de Almoloya  por defender el agua de su comunidad. Se trata de nuestros hermanos Pedro Sánchez, con una sentencia de 52 años, Teófilo Pérez, con una sentencia de 50 años, Rómulo Arias, con una sentencia de 54 años y de los compañeros Marco Antonio Pérez, Lorenzo  Sánchez y Dominga González quienes actualmente están siendo procesados; igualmente exigimos la cancelación de las órdenes de aprehensión en contra de Rey Perez Martinez y Santos Alejandro Álvarez, también de Tlanixco; la libertad de los compañeros presos de la comunidad tzeltal de Bachajón, Chiapas, Miguel de Meza Jiménez y Antonio Estrada Estrada; de los compañeros Loxichas Eleuterio Hernández García, Justino Hernández José, Zacarías Pascual García López, Abraham García Ramírez, Fortino Enríquez Hernández, Agustín Luna Valencia y Alvaro Sebastián Ramírez, presos en el CEFERESO número seis de Huimanguillo, Tabasco; así como de Pablo López Álvarez de San Isidro Aloapan, Oaxaca, preso en el penal de Villa de Etla.
  2. Denunciamos que los malos gobiernos y las empresas trasnacionales se han valido de grupos paramilitares para imponer megaproyectos extractivos mediante la explotación ilegal de minerales y maderas preciosas, particularmente en la costa Nahua y la meseta purépecha de Michoacán y la comunidad nahua de Ayotitlán, en la sierra de Manantlán, Jalisco
  3. Demandamos justicia para la comunidad nahua de Santa María Ostula, en la Costa de Michoacán, donde los malos gobiernos, coludidos con los cárteles del narcotráfico, han protegido el despojo de las tierras ancestrales de la comunidad, el saqueo de recursos naturales por grupos de la delincuencia organizada y la sangrienta represión a la organización comunal que ha derivado en asesinatos y desapariciones.
  4. Saludamos la lucha histórica de la comunidad de Cherán, Michoacán y el digno ejercicio del derecho de autodefensa que ha florecido en el pueblo Purépecha en defensa de su propia vida, sus familias, su cultura y territorio, amenazado por la complicidad de los malos gobiernos con grupos paramilitares y narco paramilitares, siendo sus exigencias la seguridad, justicia y reconstitución del territorio.
  5. Así también saludamos la defensa digna que las comunidades y barrios indígenas vienen haciendo de los saberes tradicionales y del cultivo de maíz nativo.
  6. Repudiamos la represión al pueblo Ikoot de San Mateo del Mar y San Dionisio del Mar, así como al pueblo binnizá de Juchitán y la colonia Álvaro Obregón; exigimos la liberación inmediata de Alejandro Regalado Jiménez y Arquímedes Jiménez Luis, así como la inmediata cancelación de los corredores eólicos a manos de las empresas españolas Endesa, Iberdrola, Gamesa y Unión Fenosa que en la región del Istmo invaden y destruyen las tierras comunales y los sitios sagrados de los pueblos arriba mencionados.
  7. Exigimos que se detenga la represión contra la comunidad de San Francisco Xochicuautla del Estado de México, así como la cancelación definitiva del proyecto carretero denominado autopista privada Toluca-Naucalpan, igualmente apoyamos la solicitud de medidas cautelares ante el Sistema Interamericano de Derechos Humanos para los habitantes de dicha comunidad.
  8. Exigimos al mal gobierno federal que cumpla con la cancelación de la construcción del Acueducto Independencia que pretende despojar a la Tribu Yaqui del agua que históricamente ha defendido en el Río Yaqui, reiterando nuestra palabra de que actuaremos en consecuencia ante cualquier intento de represión al campamento en resistencia que se mantiene en la carretera internacional a la altura de Vícam, primera cabecera de la Tribu Yaqui.
  9. Exigimos el cese de la represión y el retiro de la fuerza pública de la comunidad de Huexca, Morelos, por la construcción de una termoeléctrica; la cancelación del acueducto y la extracción del agua del río Cuautla, pues, afectará a 22 ejidos del municipio de Ayala, así mismo el cese al hostigamiento contra 60 comunidades de Morelos, Puebla y Tlaxcala que pretenden ser despojados por la instalación de un gasoducto, todo esto como parte del Proyecto Integral Morelos, que pretende destruir la vida campesina de estos territorios para convertirlos en industrias y autopistas y exigimos el respeto al guardián sagrado: volcán Popocatépetl, igualmente depredado por la inmoderada tala clandestina de sus bosques.
  10. Nos solidarizamos con la lucha de la comunidad Coca de Mezcala, en Jalisco, por la recuperación de su territorio y exigimos la cancelación de las órdenes de aprehensión vigentes en contra de comuneros cuyo delito ha sido defender su tierra.
  11. Exigimos el respeto al territorio comunal y a la asamblea general de comuneros de Tepoztlán, sumándonos a la exigencia de la cancelación de la autopista La Pera-Cuautla, asimismo rechazamos la campaña de mentiras y engaños a la opinión pública por parte del gobierno de Morelos para justificar el despojo.
  12. Advertimos que existe un ataque sin precedentes a los pilares sagrados del mundo reconocidos y sostenidos por los pueblos originarios y que con certeza defienden a nombre de la vida en el Universo, como son los territorios sagrados de Wirikuta y Hara Mara en los estados de San Luis Potosí y Nayarit, amenazadas por proyectos capitalistas mineros y turísticos con la complicidad de los malos gobiernos nacionales y estatales, asimismo hacemos nuestra la exigencia de cancelación de la totalidad de las concesiones mineras y turísticas en dichos territorios y en la totalidad de los territorios indígenas. Repudiamos la campaña de confrontación que han llevado a cabo la minera First Majestic Silver y el mal gobierno municipal de Catorce, San Luis Potosí. Saludamos al pueblo digno campesino de Wirikuta que ha decidido alzar la voz en defensa de su tierra, agua, salud y medio ambiente y la hermandad con el pueblo Wixárika.
  13. En el mismo sentido advertimos que no nos mantendremos al margen del intento de destrucción del sitio sagrado Muxatena y 14 sitios sagrados más del pueblo Náyeri ante el proyecto de construcción de la Presa de Las Cruces en el rio San Pedro Mezquital, en el estado de Nayarit.
  14. Denunciamos las invasiones a manos de empresas agroindustriales en los territorios indígenas y campesinos que deliberadamente alteran las lluvias para su propio beneficio y destruyendo la vida campesina, como es el caso de la comunidad nahua de Tuxpan, Jalisco y el Altiplano Potosino en el territorio sagrado de Wirikuta.
  15. Exigimos la cancelación de concesiones mineras en el corazón de la sierra de Santa Marta, en territorio Popoluca y denunciamos el intento de invasión de de las tierras comunales de San Juan Volador del municipio de Pajapan por la empresa eólica Dragón, en el sur de Veracruz.
  16. Exigimos la cancelación del proyecto carretero Tuxtepec- Huatulco, el llamado corredor turístico Chinanteco en el territorio Chinanteco, así como la cancelación de las reservas ecológicas en la región norte de Oaxaca.
  17. Exigimos la cancelación del acueducto impulsado por el mal gobierno de Guerrero que pretende despojar a los pueblos Na savi, Nancue Ñomndaa y Afromestizo del agua del río San Pedro de la costa chica de Guerrero.
  18. Repudiamos el intento de inundación de los lugares sagrados del pueblo Guarijio de Alamo; Sonora, con la construcción de la presa Pilares, así como el desvío del río Sonora en perjuicio de la nación Komkaak, a la que se ha privado del agua desde hace 4 meses en provecho de los grandes terratenientes agrícolas de la costa de Sonora.
  19. Denunciamos la política de exterminio por parte del gobierno del Distrito Federal contra las comunidades y pueblos de la sierra del Ajusco, mediante el despojo y la devastación de los territorios ejidales y comunales de San Miguel Xicalco y San Nicolas Totolapan, respaldamos y reconocemos a los subdelegados comunitarios en resistencia de San Miguel y Santo Tomas Ajusco.
  20. Saludamos la lucha de la Comunidad Autónoma de San Lorenzo Azqueltán, en el estado de Jalisco y reconocemos a sus autoridades autónomas, manteniéndonos atentos y solidarios a su lucha por el reconocimiento de su territorio ancestral.
  21. Saludamos y reconocemos la renovación de las autoridades de la comunidad autónoma Wixárika de Bancos de San Hipólito, Durango, asimismo apoyamos su lucha por el reconocimiento territorial ancestral que por más de 45 años ha venido exigiendo.
  22. Hacemos responsables a los funcionarios públicos de la delegación política de Xochimilco por amenazas al compañero Carlos Martínez Romero del pueblo de Santa Cruz Acalpixca por la defensa del agua y el territorio.
  23. Nos sumamos a los reclamos de las decenas de comunidades nahuas y totonacas de la Sierra Norte de Puebla que exigen la cancelación de las concesiones a empresas mineras y la implementación de proyectos hidroeléctricos, así como la cancelación de las concesiones mineras en la Sierra Sur y Costa de Oaxaca a la empresa Altos Hornos de México.
  24. Apoyamos la lucha de la comunidad de Conhuas en Calakmul, Campeche, por la defensa de su territorio y de su trabajo digno, al mismo tiempo exigimos cese las agresiones en contra de la comunidad por el gobierno de ese Estado.
  25. Exigimos el reconocimiento de las tierras comunales de San Pedro Tlaltizapán en la rivera del Chignahuapan, Estado de México, y el cese de los proyectos inmobiliarios en terrenos comunales.
  26. Exigimos respeto a las tierras recuperadas por la Unión Campesina Indígena Autónoma de Río Grande, Oaxaca, y saludamos a su campamento en resistencia.
  27. Igualmente exigimos respeto al funcionamiento de la Radio comunitaria Ñomndaa, voz del pueblo amuzgo en Xochistlahuaca, Guerrero, así como el respeto de todas las radios comunitarias en los distintos territorios indígenas del país.
  28. Reiteramos la exigencia de que el Estado mexicano garantice las condiciones de seguridad de Raúl Gatica del Consejo Indígena y Popular de Oaxaca-Ricardo Flores Magón.
  29. Exigimos el respeto a las economías comunitarias que funcionan de manera autónoma y al margen del mercado libre que impone el capitalismo, como son los casos del uso del tumin en el territorio totonaca de Papantla, Veracruz, y el Consejo del Trueque en las comunidades del municipio de Tianguistenco, en el Estado de México.
  30. Reconocemos, apoyamos y animamos las luchas por la autonomía y libre determinación de todos los pueblos indígenas que conformamos el Congreso Nacional Indígena, desde la Península de Yucatan hasta la Península de  Baja California.

Esto es lo que somos, nuestra palabra y nuestra lucha irrenunciable, somos pues el Congreso Nacional Indígena y nuestro es el futuro de nuestros pueblos.

A 18 de agosto del 2013.

Desde CIDECI- UNITIERRA, San Cristobal de las Casas, Chiapas.

Por la reconstitución integral de nuestros pueblos

Nunca Más Un México Sin Nosotros

CONGRESO NACIONAL INDÍGENA

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Pronunciamiento sobre el derecho a la autodefensa indígena, Santa María Ostula, Michoacán, 14 de junio de 2009.

Los delegados y delegadas de los pueblos, tribus y naciones indígenas convocados y reunidos en la comunidad nahua de Santa María Ostula, municipio de Aquila, Michoacán, para realizar la XXV ASAMBLEA NACIONAL AMPLIADA DEL CONGRESO NACIONAL INDÍGENA en la región centro pacífico, y CONSIDERANDO:

1. Que actualmente la guerra de exterminio neoliberal desatada en contra de nuestros pueblos ha alcanzado un grado de destrucción, despojo y explotación nunca antes visto que pone en grave riesgo la existencia, la seguridad y los territorios correspondientes a los pueblos originarios;

2. Que en la misma medida la represión gubernamental y para gubernamental desatada en contra de nuestros pueblos se ha expresado en el asesinato y el encarcelamiento de cientos de dirigentes indígenas, así como en la ocupación militar y para militar de nuestros territorios, criminalizando la lucha social y todo intento organizativo que se origine en nuestros pueblos de manera  independiente y autónoma;

3. Que al igual que ocurrió en la fase última del régimen encabezado por el dictador Porfirio Díaz, las actuales leyes y políticas gubernamentales están provocando el despoblamiento masivo de nuestras comunidades y la ilegal invasión de sus territorios originarios por parte de grandes empresas trasnacionales y gobernantes y políticos amparados en una justicia venal que durante años ha sido incapaz de dar solución efectiva a los graves problemas, principalmente de tierras, que aquejan a nuestros pueblos;

4. Que en todos los tiempos de nuestra historia los pueblos originarios hemos creado formas organizativas legales y legítimas para nuestra autodefensa, habiendo llegado incluso a la formación de ejércitos indígenas que han marcado la vida de este país, como lo fue el Ejército Libertador del Sur y Centro que encabezó el General Emiliano Zapata, o como ocurre con el actual Ejército Zapatista de Liberación Nacional;

PROCLAMAMOS:

PRIMERO. Que de frente a la guerra de exterminio neoliberal, NUESTROS PUEBLOS, TRIBUS Y NACIONES, así como las comunidades que los integran, TIENEN EL INALIENABLE DERECHO, DERIVADO DEL ARTÍCULO 39 CONSTITUCIONAL, PARA ORGANIZARSE Y REALIZAR LA DEFENSA DE SU VIDA, DE SU SEGURIDAD, DE SUS LIBERTADES Y DERECHOS FUNDAMENTALES Y DE SU CULTURA Y TERRITORIOS.

SEGUNDO. Que de conformidad con lo que dispone el Convenio Ciento Sesenta y Nueve de la Organización Internacional del Trabajo “Sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes”, nuestros pueblos TIENEN, EN EL MARCO DE SUS DERECHOS A LA LIBRE DETERMINACIÓN Y AUTONOMÍA, EL DERECHO DE ORGANIZAR SU AUTODEFENSA DEL MODO QUE CONSIDEREN CONVENIENTE EN TANTO NO ATENTE CONTRA EL RESPETO DE LOS DERECHOS HUMANOS; por lo que la creación, en el marco de nuestra cultura y organización tradicional, de policías comunitarias, guardias comunales u otras formas organizativas comunales para la autodefensa indígena, SON LEGALES, LEGÍTIMAS Y, SOBRE TODO, NECESARIAS FRENTE A LA PROFUNDA CORRUPCIÓN Y DESCOMPOSICIÓN DE LAS INSTANCIAS ENCARGADAS DE IMPARTIR JUSTICIA.

TERCERO. En consecuencia denunciamos y repudiamos cualquier acto gubernamental para desacreditar e impedir NUESTRO LEGÍTIMO DERECHO A LA DEFENSA DE NUESTRA EXISTENCIA, DE NUESTRA SEGURIDAD, DE NUESTRAS LIBERTADES Y DERECHOS FUNDAMENTALES Y DE NUESTRA CULTURA Y TERRITORIOS. Asimismo manifestamos que cualesquier acción gubernamental tendiente a criminalizar nuestra ORGANIZACIÓN PARA LA AUTODEFENSA no tiene mayor fin que facilitar la represión y la destrucción en contra de nuestros pueblos.

CUARTO. Llamamos a los pueblos, tribus y naciones indígenas del país, así como a la sociedad civil nacional e internacional y a los organismos defensores de los derechos humanos, a estar atentos ante cualquier acto gubernamental de REPRESIÓN y DESMANTELAMIENTO de nuestras formas organizativas para nuestra defensa.

Llamamos a los pueblos, tribus y naciones indígenas del país, así como a la sociedad civil nacional e internacional y a los organismos defensores de los derechos humanos a impedir la aniquilación física y cultural de nuestros pueblos y a frenar la guerra de exterminio neoliberal.

SANTA MARIA OSTULA, MICHOACAN, A 14 DE JUNIO DE 2009.

ATENTAMENTE

NUNCA MÁS UN MEXICO SIN NOSOTROS

POR LA RECONSTITUCIÓN INTEGRAL DE NUESTROS PUEBLOS

DELEGADOS Y DELEGADAS DE LOS PUEBLOS, TRIBUS Y NACIONES PARTICIPANTES EN LA XXV ASAMBLEA DEL CONGRESO NACIONAL INDÍGENA EN LA REGIÓN CENTRO PACÍFICO

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Declaración del IV Congreso Nacional Indígena, N’donhuani (San Pedro Atlapulco), México, 5-6 de mayo del 2006.

Por la autonomía en los hechos y la resistencia indígena.

Reunidos en la comunidad indígena de N’donhuani-San Pedro Atlapulco, Estado de México, los delegados y delegadas representantes de los pueblos indígenas nahua, zapoteca, wixárika, mazahua, amuzgo, cuicateco, kumiai, kikapu, purhépecha, tlahuica, chocholteco, chinanteco, ñu saavi, hñahñu, tenek, maya, totonaco, mayo, tlapaneco, coca, trique, tepehua, rarámuri, ch’ol, tzeltal, guachichil chichimeca, zoque, matlatzinca, mixe y popolucas de veinticinco estados del país para celebrar el Cuarto Congreso Nacional Indígena y considerando que:

Desde la traición de los tres poderes de la Unión en 2001, cuando el Estado Mexicano decidió no reconocer los derechos de los pueblos indios, comprendimos que estábamos solos y que teníamos que ejercer nuestros propios derechos y nuestra autonomía en los hechos.

Haciendo eco de los acuerdos tomados en Nurío en el III Congreso Nacional Indígena comenzamos la regionalización de la casa de todos.

No todas las regiones pudieron hacerlo.1

La guerra de exterminio planteada contra los pueblos y comunidades fragmentó a pueblos y comunidades y la represión y la coptación desarticularon muchos espacios.

Sin embargo, no nos pudieron exterminar. Nos han golpeado pero aquí estamos, aquí seguimos. Aquí nos reunimos y nos juntamos las palabras y las historias de muchos para gritarle al poder, a las empresas, a la clase política que no nos van a vencer. Nuestra luz está viva.

Hoy entendemos que de todos los rincones del país nuestro corazón late y que desde San Pedro Atlapulco en este IV Congreso Nacional Indígena reprobamos con toda nuestra energía y nuestra rabia la represión, el asesinato y el encarcelamiento contra nuestras comunidades y pueblos por el puro y vil interés de quedarse con nuestros recursos, despojarnos de nuestros territorios y convertirnos en obreros asalariados y alejados de nuestras propias comunidades para ser fantasmas sin futuro en las ciudades.

Por eso San Salvador Atenco es un espejo. Porque sus problemas son nuestros problemas. Porque también ellos están defendiendo su tierra, también ellos son campesinos, también ellos defienden sus siembras, porque también ellos están empeñados en defender su vida y su derecho, su razón y su destino contra las grandes empresas que quieren acabarnos.

Al igual que los compañeros de San Salvador Atenco en muchas regiones del país los pueblos ejercen ya su autonomía en los hechos.

Hacemos reuniones, talleres, encuentros, pero también fortalecemos nuestras asambleas, nuestras autoridad es agrarias y tradicionales, la lucha en defensa de nuestros maíces, la defensa de nuestros bosques y agua, la lucha contra la certificación de nuestras tierras y los servicios ambientales, ejerciendo una educación cada vez más autónoma.

Así lo hacemos en Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero, Yucatán, Puebla, Oaxaca, el Estado de México, Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Veracruz, Campeche, Quintana Roo, Durango, Nayarit, Baja California, Morelos, Coahuila, Chiapas, Guanajuato, San Luis Potosí y el propio Distrito Federal.

Así lo hacemos luchando contra las mineras, las madereras, los acaparadores de la tierra, contra los grandes empresarios acaparadores de alimentos como la cadena Wal-Mart, contra la privatización de nuestras aguas, contra las leyes estatales que quieren legitimar la contrarreforma del 2001. En la

práctica de la autonomía y defensa de nuestros derechos hemos comprendido que los grandes intereses que hoy dominan el mundo globalmente han coptado al sistema de partidos y a su clase política, imponiéndoles sus agendas y profundizando el despojo de los pueblos.

Ante el sometimiento del estado mexicano los intereses del gran capital, hemos llegado a la conclusión de que no podemos solicitar el reconocimiento de derechos a un estado que ante nuestros ojos ha perdido toda legitimidad. Hoy aquí le gritamos al estado mexicano que impugnamos toda su corrupción , todo su sistema político de partidos, y todas sus legislaciones que no obedecen al interés del pueblo, que cuestionamos todo su modelo de desarrollo, su sistema racista y discriminador, y rechazamos su política de exterminio y represión contra los pueblos, comunidades y personas cuyo único delito es defender la vida.

Por lo tanto declaramos:

1.- Seguiremos ejerciendo nuestra autonomía en los hechos.

2.- Ratificamos La Sexta Declaración de la Selva Lacandona y reivindicamos la Otra Campaña como un espacio de articulación de las luchas indígenas con los otros sectores que se mantienen en resistencia contra el modelo neoliberal y su política de exterminio. Exigimos la liberación de todos los presos políticos del país, en particular la liberación inmediata de todos los aprehendidos en San Salvador Atenco y la región de Texcoco.

3.- Exigimos la retirada inmediata de las policías y cuerpos represores del Estado de la región de San Salvador Atenco, pero también de todas las otras regiones del país donde se mantiene el control militar y policiaco para hostigar y amedrentar a todos los pueblos y comunidades que luchan por la defensa de su territorio y sus formas de vida.

4.- Repudiamos los asesinatos de los compañeros Javier Cortés, muerto por las policías que reprimieron al pueblo de San Salvador Atenco, el compañero Concepción Gabino, de la comunidad indígena de Cuzalapa, que luchaba por la defensa de la tierra en la región de Manantlán, Jalisco, y el compañero Faustino Acevedo de San Blas Atempa, en el Istmo de Tehuantepec, cuando se dirigía a esta comunidad para participar en los trabajos de este cuarto Congreso.

5.- Repudiamos también la violación de todas las compañeras aprendidas en San Salvador Atenco, por parte de los policías y la violencia sistemática y fascista que ejerce el Estado contra todas las mujeres que con su trabajo están reivindicando las luchas de resistencia y dignidad a lo largo y ancho del país.

6.- Llamamos al fortalecimiento de todas las regiones del Congreso Nacional Indígena y a la celebración frecuente y periódica de reuniones de articulación: reflexión, acción y propuestas.

7.- Rechazamos todas las leyes con las que el Estado pretende despojarnos, legitimar la entrega del país e imponer controles que restringen la acción de pueblos y comunidades y le dan manga ancha a las empresas transnacionales para devastar y apoderarse de la riqueza material y espiritual de nuestros pueblos y de todos los mexicanos.

8.- Rechazamos los programas de gobierno que instrumentan las leyes mencionadas y que pretenden dividir a las comunidades.

9.- Reforzaremos los mecanismos de comunicación entre las diferentes regiones y comunidades del Congreso Nacional Indígena.

10.- Reforzaremos y haremos eficaces los mecanismos de solidaridad y compromiso con las luchas de todas y cada una de las comunidades, organizaciones y pueblos indígenas.

11.- Como punto último de nuestra declaración impugnamos al Estado mexicano y llamamos a todos los pueblos, comunidades y organizaciones indígenas y a todos los sectores oprimidos a conformar un frente amplio anticapitalista que impulse un proceso que conduzca hacia una Nueva Constitución y otra forma de gobierno que permita el reconocimiento de nuestros derechos y una sociedad justa, libre y democrática.

N’Donhuani-San Pedro Atlapulco, territorio hñahñu del Alto Lerma, a seis de mayo de 2006.

POR LA RECONSTITUCIÓN INTEGRAL DE NUESTROS PUEBLOS

NUNCA MÁS UN MÉXICO SIN NOSOTROS

CONGRESO NACIONAL INDÍGENA

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Declaración Final de M’enhuani, San Pedro Atlapulco, Estado de México, 16 de septiembre de 2002.

“EN DEFENSA DE LA MEDICINA TRADICIONAL”

Convocados y reunidos en el Foro Nacional en Defensa de la Medicina Tradicional, territorio hñahñu de M’enhuani-Atlapulco, médicos tradicionales, autoridades y delegados de comunidades y organizaciones indígenas pertenecientes a los pueblos Tohono O’odham, Mayo, Rarámuri, Cora, Wixaritari, Nahua, Huachichil, Tenek, Chichimeca, Purhépecha, Mazahua, Tlahuica, Matlatzinca, Hñahñu, Tepehua, Amuzgo, Tlapaneco, Mixteco, Huave, Zapoteco, Mixe, Mazateco, Maya Peninsular, Tzeltal, Tzotzil, C’hol, Tojolabal, Mame, Zoque, Chuj y Mocho, de veinte estados del país, junto con organizaciones pertenecientes a la sociedad civil, y:

RECORDANDO que de la tierra somos y de ella nos nacimos, que todo lo que nuestra madre nace no debe ser sino aprovechado por todos y para todos, y que el conocimiento tradicional que los pueblos indígenas de todo el mundo han construido durante milenios es patrimonio colectivo de nuestras comunidades y bien común de la humanidad.

DENUNCIANDO que las grandes empresas y las políticas de gobierno empujan en forma acelerada hacia la destrucción masiva de nuestros territorios y de nuestras culturas. Que los mezquinos intereses de gigantescos capitales trasnacionales impulsan la privatización de todo aquello que nuestra madre tierra nace y que no puede ser sino patrimonio común de la humanidad.

SEÑALANDO que hoy en día la biodiversidad de nuestros territorios se ha convertido en un botín estratégico para los grandes consorcios trasnacionales y que éstos, en combinación con las potencias internacionales, impulsan un sistema mundial de bioprospección y un sistema mundial de propiedad intelectual que permitan a lo largo y ancho del planeta la apropiación privada de la biodiversidad y el conocimiento, tradicional o no, ligado a ella.

CONSIDERANDO que hasta el día de hoy el Estado Mexicano se ha negado a reconocer nuestros derechos fundamentales y que a pesar de lo anterior nuestros pueblos han elevado los Acuerdos de San Andrés al rango de Constitución Propia en Materia Indígena.

CONSIDERANDO que la actual propuesta de la Organización Mundial de la Salud y del propio Gobierno Mexicano para obligar al registro oficial de médicos y de medicamentos tradicionales no tiene otro fin que la cooptación, cuando no la destrucción, de la medicina tradicional y la expropiación de la biodiversidad y conocimientos tradicionales actualmente existentes en nuestros pueblos.

REAFIRMANDO nuestro absoluto rechazo al monopolio que las empresas farmacéuticas quieren establecer con relación a la utilización de las plantas medicinales que durante siglos han usado nuestros pueblos, y entendiendo que el Decreto de Gobierno que prohíbe o restringe la utilización de ochenta y cinco plantas medicinales tiene como fin favorecer dicho monopolio.

CONSIDERANDO que la Cumbre Mundial del Desarrollo Sustentable de Johannesburgo exhibe la falta de voluntad por parte de los gobiernos de México y del mundo para frenar la destrucción de la madre tierra y la privatización de nuestras tierras, recursos naturales y conocimientos tradicionales, aunque sí avanza en el reforzamiento de mecanismos integracionistas y compensatorios como parte de la estrategia de explotación de nuestros recursos, abaratamiento de la salud institucional en crisis y la división y mercantilización de nuestros Pueblos.

PROCLAMANDO que la autonomía es el proyecto histórico de nuestros pueblos y que éstos han decidido caminar su propio camino, de espaldas al poderoso que todo lo privatiza, lo corrompe y lo destruye.

Hemos acordado emitir la siguiente:

DECLARACIÓN

PRIMERO: Exigimos el inmediato reconocimiento constitucional de nuestros derechos fundamentales de conformidad con lo que establecen los Acuerdos de San Andrés y la Iniciativa de COCOPA y el cese inmediato de la militarización y paramilitarización creciente que viven comunidades nuestras a lo largo de todo el país.

SEGUNDO: Rechazamos las leyes y políticas actuales y las que el Estado quisiere imponer en lo futuro para restringir el ejercicio libre de la medicina tradicional, pues las mismas no fueron consultadas a nuestros Pueblos como es obligación del Estado Mexicano por mandato del Convenio 169° de la Organización Internacional del Trabajo. En consecuencia llamamos a todas las comunidades indígenas del país y al Pueblo de México en su conjunto para que desacaten dichas leyes y políticas que únicamente favorecen a las grandes empresas farmacéuticas mundiales.

TERCERO: Rechazamos absolutamente cualquier sistema de propiedad intelectual que permita la apropiación privada para la explotación o aprovechamiento exclusivos de la biodiversidad y del conocimiento, tradicional o no, ligado a ella; con independencia de quienes pudieran favorecerse de dicho sistema, ya sean empresas privadas, países mega diversos, o incluso, comunidades indígenas.

CUARTO: En ejercicio pleno de nuestra autonomía y ante las políticas mundiales de robo y privatización de la biodiversidad y de los conocimientos tradicionales de nuestros pueblos, como representantes de comunidades y de organizaciones de médicos tradicionales pertenecientes a 31 pueblos indígenas de México, DECRETAMOS LA MORATORIA UNILATERAL HACIA EL EXTERIOR DE NUESTROS PUEBLOS CON RELACIÓN A TODA ACTIVIDAD DE INVESTIGACIÓN, EXPLORACIÓN O PROSPECCIÓN DE LOS RECURSOS NATURALES QUE SE ENCUENTRAN DENTRO DE LOS TERRITORIOS DE NUESTRAS COMUNIDADES Y CON RELACIÓN AL INTERCAMBIO DE LOS CONOCIMIENTOS TRADICIONALES, GENERADOS POR NUESTROS PUEBLOS, HASTA EN TANTO NO SE GENEREN CONDICIONES GLOBALES PACTADAS CON LOS PROPIOS PUEBLOS INDÍGENAS, QUE PERMITAN EL APROVECHAMIENTO LIBRE Y UNIVERSAL DE DICHOS RECURSOS Y SABERES.

Convocamos al resto de las comunidades indígenas y rurales del país a que apliquen la moratoria acordada y a que estén en estado de alerta para la efectiva aplicación de dicha moratoria.

QUINTO: Como parte de nuestra defensa de la madre tierra y todo lo que en ella se nace, repudiamos la introducción de maíces transgénicos a nuestro país, pues la madre maíz es fundamento primero de los pueblos nuestros. En consecuencia exigimos al Gobierno Federal declare una moratoria indefinida en la introducción de maíces transgénicos con independencia del uso que se les pudiera dar.

SEXTO: Llamamos a todos los pueblos indígenas de México al fortalecimiento de su autonomía, al establecimiento de formas de control territorial surgidas desde nuestras comunidades, a la consolidación y desarrollo de la cultura y medicina propias, y al intercambio de experiencias, saberes y conocimientos tradicionales como pueblos hermanos que somos.

Dada en el territorio sagrado hñahñu de M’enhuani a los dieciséis días de septiembre de dos mil dos.

ATENTAMENTE

PUEBLOS, COMUNIDADES Y ORGANIZACIONES PARTICIPANTES EN EL FORO NACIONAL EN DEFENSA DE LA MEDICINA TRADICIONAL

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Declaración Final de la Octava Asamblea Nacional del Congreso Nacional Indígena, Ciudad de México, 20 de noviembre de 2001.

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Considerando que desde hace 509 los pueblos nuestros, pueblos primeros, han construido su propio camino, frente a la Conquista y la dominación del poderoso, y que la autonomía es el proyecto histórico de nuestros pueblos. La autonomía, como expresión de nuestra antigua resistencia y libre voluntad, significa hacer valer nuestras propias decisiones a partir de la organización propia, con independencia de los poderes políticos, económicos y culturales que nos oprimen. El caminar de nuestros pueblos enfrenta hoy en día las políticas neoliberales que impulsan los grandes centros del capital transnacional a través del gobierno foxista, puesto que dichas políticas pretenden la destrucción definitiva de nuestra autonomía, el desmantelamiento de nuestras culturas, de nuestros saberes y el despojo descarnado de nuestras tierras, territorios y recursos naturales, acrecentando la pobreza y la migración de nuestras familias, así como la entrega de nuestras riquezas naturales a las grandes empresas.

El proyecto histórico de nuestros pueblos se construye cotidianamente, junto a las luchas que impulsa el pueblo de México para conquistar su liberación y una sociedad más digna, con libertad, justicia y democracia. La base de la autonomía de nuestros pueblos se encuentra en la defensa de la tierra y el territorio, así como en el manejo soberano de los recursos naturales que nace de la Madre Tierra y que se encuentran dentro de los territorios que nos pertenecen o que utilizamos de una u otra forma.

La propiedad comunal de dichos territorios, la organización comunal, el trabajo colectivo o tequio, los sistemas de cargos, las fiestas y tradiciones, la organización social y política, los sistemas normativos propios y todas nuestras expresiones culturales, son los elementos constitutivos de nuestros pueblos y de la autonomía que cotidianamente ejercemos. La costumbre de nuestros pueblos, su tradición y sus creencias, su cultura y organización comunal milenarias en torno al cultivo del maíz y el trabajo familiar y colectivo de la milpa, son la guía de nuestro largo caminar. Nuestros pueblos y comunidades, en diverso grado y forma, han perdido parte de esos elementos que los identifican y les permiten existir como pueblos indígenas, tratando, hoy en día, de recuperar o consolidar dichos elementos y reforzar la autonomía a través de la organización propia.

Nuestros pueblos y comunidades deben contrarrestar todos aquellos factores que debilitan su unidad, su identidad y el ejercicio de su autonomía, como es el caso de los partidos políticos y las diversas expresiones religiosas que han provocado fuertes divisiones al seno de nuestras comunidades y han debilitado nuestro tejido comunal, además de incorporar elementos culturales y organizativos ajenos a la tradición de nuestros pueblos.

Hoy en día las políticas neoliberales que impulsa el gobierno foxista, en acuerdo con los grandes centros financieros mundiales, y que se expresan en planes y programas como el llamado Plan Puebla-Panamá, pretenden la privatización masiva de nuestros territorios, la desarticulación de la propiedad comunal de nuestros pueblos y la apropiación, por parte de grandes consorcios mundiales, de nuestras riquezas naturales y de nuestros saberes ancestrales.

Al amparo de las modificaciones que en 1992 se hicieron al artículo 27 Constitucional se impulsan dichos procesos privatizadores y se generan cambios legislativos en dicha lógica, con el fin de promover la privatización de nuestros recursos naturales. Tanto la bioprospección de los recursos genéticos que se encuentran en nuestros territorios, que para nosotros es simple y llana biopiratería, como los programas de certificación en ejidos y comunidades, tienen un solo fin: la destrucción de nuestra organización comunal y la apropiación privada de nuestros recursos.

La Reforma Constitucional en Materia Indígena publicada el 14 de agosto del 2001 de abril de este año no sólo niega el reconocimiento de los derechos colectivos de nuestros pueblos que se recogen en los Acuerdos de San Andrés, sino que adicionalmente reduce derechos ya ganados por nuestros pueblos y contradice el contenido del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo. Sin duda alguna, dicha reforma se enmarca dentro de las políticas neoliberales que desde el poder son impulsadas. Pero adicionalmente exhibe una política de Estado que tiene como fin la destrucción etnocida de nuestros pueblos y descubre la actitud mentirosa del presidente Fox, a quien desconocemos como representante de los intereses de la Nación por no representar sino al pequeño grupo de empresarios y capitalistas financieros transnacionales que hoy se han apropiado del país. Ante la reforma citada nuestras comunidades impulsaron y siguen impulsando acciones tendientes a descubrir su ilegitimidad e ilegalidad.

Las comunidades nuestras han combinado la publicación de manifiestos y pronunciamientos, con la toma de congresos locales; la realización de foros y asambleas regionales, con el ejercicio de acciones legales y demandas de inconstitucionalidad. También nuestros pueblos han profundizado en el ejercicio de su autonomía a través de declaratorias suscritas por comunidades, o por medio de acciones directas para el ejercicio de sus derechos históricos. La decisión de nuestros pueblos y comunidades es firme: sin reconocimiento o con reconocimiento legal seguirán impulsando el ejercicio de su autonomía y de sus derechos. No esperaremos a que el Estado mexicano haga el reconocimiento de nuestra existencia y de nuestros derechos, el reconocimiento de la sociedad civil lo tenemos ganado, caminaremos nuestro propio camino como siempre lo hemos hecho.

Con el fin de impulsar su proyecto neoliberal y frenar la digna lucha de nuestros pueblos, el sistema utiliza al Instituto Nacional Indigenista como instrumento de control, a través de la ejecución de programas asistencialistas que, adicionalmente, dividen a nuestras comunidades, y de la cooptación directa de dirigentes indígenas que son incorporados a puestos directivos dentro de dicha dependencia.

También promueve la construcción de organizaciones indígenas de corte oficialista que tienen como fin debilitar al CNI y la influencia del EZLN en el movimiento indígena nacional. El sistema también ejerce el terror de Estado en contra de las organizaciones que no se doblegan y, mediante la violación sistemática de los derechos humanos, la utilización del ejército y de grupos paramilitares, así como el asesinato y el acoso, pretende frenar la lucha de nuestras comunidades.

En el plano internacional los grandes centros de poder neoliberal impulsan, bajo el pretexto de la guerra contra el terrorismo, una política de auténtico terror que está provocando el exterminio de pueblos enteros en Asia Central y que amenaza con extenderse en contra de los movimientos de liberación nacional y de reivindicación étnica que en todo el mundo atentan contra la salvaje globalización neoliberal que hoy en día unos cuantos imponen a millones.

Las 86 comunidades y organizaciones, provenientes de 15 estados de la República, correspondientes a 30 pueblos indígenas del país, convocadas y reunidas en esta Octava Asamblea Nacional del Congreso Nacional Indígena hacemos la siguiente Declaración:

Rechazamos rotundamente la Reforma Constitucional del 28 de abril pasado. Ratificamos en cambio todos aquellos documentos (como el Manifiesto del Primero de Mayo y el Llamamiento al Pueblo de México) a través de los cuales el CNI ha expresado su rechazo a la Ley aprobada.

Exigimos el cumplimiento cabal de los Acuerdos de San Andrés, mediante su incorporación a la Constitución General de la República, según la traducción jurídica que representa la “Ley Cocopa”.

No aceptamos sino el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés, rechazando las posiciones que han expresado diversos sectores de la sociedad y del gobierno con relación a que es el momento de buscar un cumplimiento parcial de los Acuerdos de San Andrés, o la revisión de los mismos, ya sea en la forma o en el fondo, o mediante la reforma de la reforma constitucional del 28 de abril.

En apego a las acciones de autonomía que nuestros pueblos han impulsado y siguen impulsando, así como a las declaratorias de autonomía emitidas por el pueblo p’urhépecha, el pueblo nahua de Michoacán y las comunidades indígenas del Anáhuac, elevamos los Acuerdos de San Andrés a ley propia de los pueblos indígenas del país, rechazando la aplicación, en nuestras comunidades, de la reforma constitucional del pasado 28 de abril.

Rechazamos la elaboración de leyes federales o locales en materia indígena en tanto no se incorporen los Acuerdos de San Andrés a la Constitución.

Haremos efectivos los Acuerdos de San Andrés mediante el ejercicio cotidiano de la autonomía indígena, la construcción de autonomías comunales, municipales, regionales y la reconstitución integral de nuestros pueblos. Impulsaremos la elaboración de estatutos comunales como instrumentos legales básicos para el reconocimiento del ejercicio de nuestra autonomía.

Impulsaremos talleres y foros comunitarios y regionales sobre los derechos indígenas y los Acuerdos de San Andrés, así como para la recuperación de las lenguas indígenas, para la transmisión de saberes y experiencias locales, así como para profundizar en cada uno de los aspectos que comprenden un modelo de desarrollo propio. Fortaleceremos la organización de las diferentes regiones en donde existen pueblos, comunidades y organizaciones indígenas para construir un espacio nacional que sea una expresión más cercana del sentir de las comunidades y pueblos.

Generaremos proyectos de autodesarrollo acordes a la cosmovisión de nuestros pueblos, que protejan las tierras y territorios de nuestras comunidades y que promuevan la participación de la mujer y la protección efectiva de sus derechos.

Profundizaremos en la autonomía territorial de nuestras comunidades, expresada fundamentalmente en el manejo soberano, por parte de éstas, de los recursos naturales que les pertenecen o que utilizan para su reproducción material y espiritual.

Promoveremos proyectos productivos desde nuestras regiones que se encaminen a disminuir la migración y tiendan al control de todos los aspectos del proceso productivo, poniendo énfasis en la comercialización de nuestros productos sin intermediarios y a través de redes de consumo propias.

Como Congreso Nacional Indígena, denunciamos y repudiamos la violación sistemática de los derechos humanos, el artero asesinato de la hermana Digna Ochoa y de otros hermanos y hermanas que luchan dentro del movimiento indígena o a su lado, así como las actuales políticas del Instituto Nacional Indigenista. En la misma lógica rechazamos también la propuesta de reforma fiscal foxista y exigimos políticas sociales más justas y equitativas.

Rechazamos también la cruzada terrorista del gobierno estadounidense en contra de la humanidad.

Exigimos la liberación de todos los presos políticos indígenas y no indígenas que luchan por la construcción de una sociedad más justa y libre. Específicamente demandamos la liberación de los hermanos zapatistas presos y de los dos pescadores p’urhépechas. Exigimos la desmilitarización de Chiapas y de todas las regiones indígenas del país.

Denunciamos la contaminación de nuestras variedades de maíz con materiales transgénicos en todos los casos, no sólo en donde han sido documentados como en Puebla, Guanajuato y la Sierra Juárez, Oaxaca. Exigimos al gobierno mexicano el cese inmediato de la introducción de granos contaminados al país y que se realice un estudio que localice las regiones exista este tipo de contaminación biológica de nuestros recursos alimentarios, incluyendo maíz, frijol y jitomate, entre otros. Apoyamos decididamente las exigencias de las autoridades comunales de la Sierra Juárez en su rechazo a la contaminación del maíz en su región.

Impulsaremos una red de comunicación y de diálogo de todas las comunidades y organizaciones que integran el Congreso Nacional Indígena para consolidar su poder de convocatoria, con el fin de incorporar a todos los pueblos indígenas del país e impulsar una adecuada articulación con otras organizaciones de la sociedad civil.

El modelo de desarrollo propio que promovemos, como encarnación de nuestro proyecto histórico de autonomía, debe considerar como principios el ejercicio de la autonomía comunal y municipal, la consolidación de los sistemas normativos propios, el fortalecimiento de nuestra organización tradicional, el reconocimiento de las autoridades internas, la defensa irrestricta de la tierra y el territorio, la igualdad de la mujer y el hombre, así como el resurgimiento o fortalecimiento de la espiritualidad de nuestros pueblos, de su cosmovisión y de sus formas de entender la vida en forma integral y en relación con la madre tierra y todo lo que existe. En ese sentido, denunciamos y repudiamos el proyecto de construcción de la nueva terminal aérea en tierras ejidales de Texcoco, Atenco y Chimalhuacán, y nos sumamos a la justa lucha de los pueblos originarios de aquella región.

Finalmente, nuestro modelo de desarrollo propio deberá ir a la raíz misma de la existencia de nuestros pueblos y fomentar el cultivo del maíz y la cultura que ancestralmente hemos construido en torno a dicho cultivo. También deberá oponerse a la introducción de organismos genéticamente modificados que atentan contra la seguridad alimentaria de la nación y pueden provocar la dependencia de nuestros pueblos en la adquisición del maíz.

Llamamos a todos los pueblos, comunidades y organizaciones indígenas del país a no detener la lucha por el reconocimiento pleno de nuestros derechos, a seguir construyendo el camino propio y tejer las alianzas necesarias desde el nivel más local, pasando por el nivel regional hasta el nacional para consolidar un movimiento opositor, crítico y consecuente que nos permita defender nuestros territorios, nuestra cultura, nuestros recursos, nuestras formas de organización, nuestros gobiernos propios y nuestra visión del mundo. No podemos seguir sólo denunciando las violaciones a nuestros derechos colectivos. Debemos generar alternativas que nos permitan retomar nuestro camino y nuestro futuro.

Atentamente

Por la reconstitución integral de nuestros pueblos

Nunca más un México sin Nosotros

Congreso Nacional Indígena México, Distrito Federal, a 20 de noviembre del año 2001

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Congreso Nacional Indígena Manifiesto Indígena del Primero de Mayo, México, 1º de mayo de 2001.

CONSIDERANDO que 509 años de historia han significado para los nuestros, pueblos primeros, explotación, discriminación y pobreza, y que la Nación Mexicana, nacida de nuestra semilla y de nuestros corazones, ha sido edificada por los poderosos negando nuestra existencia y negando nuestro supremo derecho a caminar nuestro propio camino, sin que ello signifique renegar de la patria fundada con nuestra sangre.

RECORDANDO que los Acuerdos de San Andrés Sobre Derechos y Cultura Indígena, firmados el 16 de febrero de 1996, corresponden tan solo a la Primera Mesa de Diálogo entre el Gobierno Federal y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), y son compromisos y propuestas conjuntas que ambas partes pactaron para garantizar una nueva relación entre los pueblos indígenas del país, la sociedad y el Estado. Y que estas propuestas conjuntas, que serían enviadas a las instancias de debate y decisión nacional, fueron recogidas por la Comisión de Concordia y Pacificación –integrada por legisladores de los diversos partidos políticos nacionales- en un texto legal que se presentó como Iniciativa de Reforma Constitucional, misma que aceptaron, tanto el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, como el Congreso Nacional Indígena el 29 de noviembre de 1996, no sin señalar las omisiones que presentaba y reconocerla como el paso primero para el reconocimiento constitucional de nuestros derechos.

RECONOCIENDO que los Acuerdos de San Andrés, así como su traducción jurídica constitucional que se expresa en la Iniciativa de Reforma Constitucional elaborada por la Comisión de Concordia y Pacificación (COCOPA), reflejan el consenso mayoritario de los pueblos indígenas de México, del Gobierno y de la sociedad nacional en materia de derechos y cultura indígena.

CONSIDERANDO que el reconocimiento constitucional de los derechos y cultura indígena, según la Iniciativa de la COCOPA, como parte de las tres señales demandadas por el EZLN, es el paso firme para la construcción de una paz justa y digna en Chiapas.

CONSIDERANDO que la Marcha de los Mil Ciento Once Zapatistas a la Ciudad de México, en septiembre de 1997, y los resultados de la Consulta Nacional Sobre Derechos y Cultura Indígena, realizada en marzo de 1999, ratificaron el consenso nacional que representan los Acuerdos de San Andrés y la Iniciativa de Reforma Constitucional elaborada por la COCOPA.

RECORDANDO que los pueblos nuestros, convocados y reunidos en el Tercer Congreso Nacional Indígena, realizado en Nurío, Michoacán, los días 2, 3 y 4 de marzo de este año, acordaron en forma unánime exigir: el reconocimiento constitucional de los derechos de los pueblos indígenas como sujetos de derecho, conforme a la Iniciativa de la COCOPA; el reconocimiento constitucional de nuestro inalienable derecho a la libre determinación, expresado en la autonomía como parte del Estado Mexicano; y el reconocimiento constitucional de nuestros territorios y tierras ancestrales que representan la totalidad de nuestro hábitat en donde reproducimos nuestra existencia material y espiritual como pueblos.

OBSERVANDO que tanto el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, como el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, ambos con rango de Ley Suprema en nuestro país, establecen que todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación, y que en virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen asimismo a su desarrollo económico, social y cultural.

OBSERVANDO, asimismo, que el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) Sobre Pueblos Indios y Tribales en Países Independientes, también con rango de Ley Suprema en México según nuestro orden constitucional vigente, establece el derecho de nuestros pueblos para asumir el control de sus propias instituciones y formas de vida y de su desarrollo económico, y para mantener y fortalecer sus identidades, lenguas, territorios y recursos naturales, dentro del marco del Estado en que viven.

DENUNCIANDO que una vez más nuestra palabra y nuestro sentir sólo han servido para burla y escarnio de los poderosos; que la voz primera de nuestros pueblos y la voz mayoritaria de la sociedad mexicana expresada durante febrero, marzo y abril del año 2001 en la Marcha Por la Dignidad Indígena que encabezó el Ejército Zapatista de Liberación Nacional no es escuchada por quienes dicen ser depositarios de la voluntad popular; que los intereses políticos y económicos de quienes detentan el poder pretenden, otra vez, que los pueblos más primeros de estas tierras, los pueblos nuestros, los pueblos indígenas, queden al último, sin ser reconocidos en sus derechos fundamentales, presas del despojo, el etnocidio y la integración forzada a un proyecto de nación ajeno a nuestra historia y a nuestro sentir, que hoy intenta arrebatarnos todo a todas y a todos.

LOS PUEBLOS, COMUNIDADES Y ORGANIZACIONES QUE INTEGRAMOS EL CONGRESO NACIONAL INDÍGENA MANIFESTAMOS QUE:

PRIMERO: Rechazamos tajantemente la Iniciativa de Ley Indígena aprobada por el Congreso de la Unión, porque la misma no solo violenta la voluntad del pueblo y es inconstitucional, sino que resulta profundamente regresiva al desconocer derechos fundamentales de nuestros pueblos, consignados en la propia Constitución, así como en los Convenios, Pactos y Tratados Internacionales que México ha suscrito y que tienen rango de Ley Suprema de acuerdo a nuestro orden constitucional vigente. De manera especial, la Iniciativa aprobada incorpora en forma parcial y distorsionada algunos conceptos y derechos consignados en el Convenio 169 de la OIT, y omite otros muchos que son fundamentales.

SEGUNDO: La Iniciativa de Ley Indígena aprobada por quienes decían representar la voluntad popular, no recoge el espíritu ni la letra de los Acuerdos de San Andrés y modifica en forma sustancial la Iniciativa de Reforma Constitucional elaborada por la COCOPA, al señalar que el reconocimiento de los pueblos y comunidades indígenas se hará en las constituciones y leyes de los estados, situación que en realidad implica no realizar el reconocimiento constitucional de nuestros pueblos y sus derechos. La iniciativa aprobada representa un obstáculo para que se reanude el diálogo entre el Gobierno Federal y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional con el fin de construir una paz justa y digna. El voto de los legisladores no fue un voto por la paz.

TERCERO: Esta contrarreforma constitucional representa una burla para nuestros pueblos y una afrenta mayor para la sociedad mexicana, que decidió respaldar nuestra justa causa, porque deja en manos de las Entidades Federativas definir las características de la autonomía indígena y los mecanismos para su realización, anulando nuestros derechos de libre determinación expresados en la autonomía dentro del marco del Estado Mexicano y las aspiraciones de nuestros pueblos para su reconstitución plena.

CUARTO: La Iniciativa aprobada reduce la aplicación de nuestros derechos autonómicos al ámbito municipal, no resuelve lo relativo al acceso y administración de los recursos municipales que corresponden a nuestros pueblos y posibilita la construcción de auténticas reservaciones indígenas municipales.

QUINTO: La contrarreforma constitucional otorga a las comunidades indígenas, en forma caritativa y piadosa, el carácter de entidades de interés público y no de derecho público como lo establece la Iniciativa de la COCOPA para que, dentro de la estructura del Estado y estando plenamente reconocida su personalidad, éstas y los municipios que reconozcan su pertenencia a un pueblo indígena puedan asociarse libremente a fin de coordinar sus acciones. La contrarreforma constitucional omite garantizar el ejercicio de la libre determinación de los pueblos indígenas en cada uno de los ámbitos y niveles en que hagan valer su autonomía, pudiendo abarcar uno o más pueblos indígenas, de acuerdo con las circunstancias particulares y específicas de cada entidad federativa.

SEXTO: En la Iniciativa aprobada se omite la posibilidad de remunicipalización de los territorios en que están asentados los pueblos indígenas y el hecho de que la reorganización territorial de los distritos uninominales, con el fin de propiciar la participación política de los Pueblos indígenas, se deje para un artículo transitorio, no hacen sino afirmar el carácter ilusorio y regresivo de la reforma constitucional impuesta.

SEPTIMO: La Iniciativa que aprobó el Congreso de la Unión desconoce, en lo relativo a los territorios de nuestros pueblos, el marco legal ya establecido por el Convenio 169 de la OIT, y no reconoce nuestras tierras y territorios de acuerdo a los conceptos que se recogen en dicho Convenio. El término «territorios» es groseramente sustituido por el de «lugares», por lo que quedamos desprovistos del espacio físico inmediato para el ejercicio de nuestra autonomía y para la reproducción material y espiritual de nuestra existencia.

OCTAVO: La Ley Indígena que hoy pretenden imponer a nuestros pueblos y a la sociedad reafirma la concepción individualista que inspiró la contrarreforma del Artículo 27 Constitucional en 1992 y se expresa como complemento de la misma, ya que no reconoce el derecho CONSTITUCIONAL que tenemos para acceder de manera colectiva al uso y disfrute de los recursos naturales que se encuentran en nuestras tierras y territorios, por el contrario restringe, en forma regresiva, este derecho exclusivo que tenemos y lo convierte en simple derecho de preferencia, previamente limitado por las formas y modalidades de propiedad y tenencia de la tierra ya establecidas en la Constitución y por los derechos que han sido adquiridos (generalmente en forma ilegal) por terceros a nuestros pueblos. Hemos exigido el reconocimiento del derecho que tenemos para acceder a los recursos naturales que se encuentran en la totalidad del hábitat que los pueblos ocupamos y los legisladores, en forma contraria, deciden reducir derechos que ya históricamente tenemos ganados de hecho y por derecho, en títulos primordiales y resoluciones agrarias y con el sudor y la sangre de nuestros abuelos.

NOVENO: La Iniciativa aprobada, en contravención al formato de Diálogo establecido entre el Gobierno Federal y el EZLN, pretende zanjar la cuestión agraria en los términos de lo que dispone actualmente el Artículo 27 Constitucional, lo anterior sin considerar la gran oposición de nuestros pueblos hacia la reforma de dicho Artículo y olvidando que el tema agrario deberá ser discutido en la Mesa de Diálogo relativa al Tema de Bienestar y Desarrollo.

DECIMO: Asimismo la Ley Indígena establece un apartado «B» en el Artículo Segundo Constitucional que, además de no corresponder su contenido al de un texto propiamente constitucional, reproduce las políticas indigenistas de etnocidio que históricamente ha aplicado el Estado Mexicano, al señalar una serie de políticas asistencialistas que los legisladores, en forma por demás autoritaria, han supuesto que servirán a nuestros pueblos, siendo que nuestra demanda es el reconocimiento efectivo de los pueblos indígenas para que éstos puedan definir sus propias prioridades de desarrollo.

DECIMO PRIMERO: Hoy como ayer decimos ¡Nunca más un México sin nosotros! ¡Nunca más la voz de los pueblos indígenas callará ante las injusticias! En esta hora nacional ratificamos y hacemos más fuerte este grito ante la nueva agresión que significa la reciente contrarreforma constitucional. A todos hacemos ver que no existirá un México verdadero, justo y digno sí los derechos de nuestros pueblos no son plenamente reconocidos.

Por lo expuesto anteriormente,

CONVOCAMOS:

A todos los pueblos, comunidades y organizaciones indígenas del país a unir nuestro sentir, nuestros caminos y nuestra voz con el fin de exigir el reconocimiento constitucional de nuestros derechos de acuerdo a la Iniciativa de la COCOPA, y PARA ORGANIZAR EN TODOS LOS RINCONES DE LA PATRIA LA MOVILIZACIÓN Y LA RESISTENCIA FRENTE A LA NUEVA BURLA DE LOS POCOS QUE DETENTAN EL PODER EN ESTE PAÍS Y QUE HAN SECUESTRADO AL CONGRESO DE LA UNIÓN Y LA VOLUNTAD DE LA NACIÓN, A TRAVES DE LAS POSICIONES MÁS RETRÓGRADAS QUE EXISTEN EN NUESTRO PAIS, REPRESENTADAS POR DIEGO FERNÁNDEZ DE CEVALLOS Y MANUEL BARTLETT. LLAMAMOS A EJERCER LOS DERECHOS DE SOBERANÍA POLÍTICA QUE NOS OTORGA EL ARTÍCULO 39 DE LA CONSTITUCIÓN, YA QUE EL ORDEN LEGAL VIGENTE HA SIDO VISIBLEMENTE QUEBRANTADO, A TRAVÉS DE LA INCONSTITUCIONAL INICIATIVA APROBADA.

RECURRIREMOS A TODOS LOS RECURSOS LEGALES EXISTENTES NACIONALES E INTERNACIONALES: QUE LA VOZ Y LA PRESENCIA DE LOS PUEBLOS MÁS PRIMEROS, LOS PUEBLOS INDÍGENAS, SE ESCUCHE Y SE SIENTA POR TODA LA NACIÓN.

A los trabajadores del campo y de la ciudad y a todo el Pueblo de México, a organizar un masivo movimiento nacional que nos conduzca a la unidad de acción y al mismo tiempo nos permita construir consensos y superar debilidades con el fin de lograr el reconocimiento constitucional de los derechos de nuestros pueblos y la cancelación de las políticas neoliberales que hoy destruyen la Nación entera.

México, D. F. a 1º de mayo del 2001

¡NUNCA MÁS UN MÉXICO SIN NOSOTROS!

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Declaración del III Congreso Nacional Indígena, Nurío, Michoacán, 4 de marzo de 2001.

“Por el reconocimiento constitucional de nuestros derechos colectivos”

Los delegados y delegadas representantes de los pueblos indígenas, reunidos en el Tercer Congreso Nacional Indígena, celebrado del 2 al 4 de marzo del año 2001 en la comunidad p’urhépecha de Nurío, municipio de Paracho, Michoacán, proclamamos solemnemente la siguiente declaración:

Considerando que a lo largo de 509 años de historia hemos padecido en nuestras carnes y en nuestros corazones la explotación y la discriminación que vienen de los poderosos, y que desde entonces se ha tratado de negar a nuestros pueblos la capacidad que tenemos de conducir con sabiduría y dignidad nuestro propio destino.

Reafirmando la inteligencia y la resistencia que nuestros pueblos han demostrado dignamente ante los múltiples intentos de exterminio, inmovilización o cooptación gubernamental.

Observando que aunque todavía hay sectores de la sociedad que mantienen sus actitudes racistas y de exclusión hacia nuestros pueblos, sin embargo, otros sectores, cada vez más numerosos, han hecho conciencia de la justeza de nuestros planteamientos y ofrecen una creciente solidaridad hacia nuestras causas y nuestras luchas.

Denunciando que la respuesta de los diferentes gobiernos a nuestras legítimas demandas ha sido mantener la militarización en nuestras regiones y la persecución a nuestras organizaciones, así como la realización de programas, planes y proyectos que llevan a la privatización de los recursos naturales, bienes y servicios y, como consecuencia, a la exclusión de nuestros pueblos en las decisiones que nos afectan, declaramos:

Que seguimos vivos, y seguimos honrando en nuestros pueblos la digna memoria de quienes nos nacieron al mundo y, con su sabiduría y amor, nos enseñaron a ser los indios que somos: los que de la tierra venimos; los que del maíz vivimos; los que del color de la esperanza nos vestimos; los que hermanas y hermanos verdaderos somos. Somos los indios que somos.

Que en su nombre y con su palabra, palabra verdadera, sembrada desde antiguo en el fondo de nuestro moreno corazón, con dignidad y respeto decimos que Pueblos somos. Que cuando Pueblos decimos que somos, es porque llevamos en nuestra sangre, en nuestra carne y en nuestra piel toda la historia, toda la esperanza, toda la sabiduría, la cultura, la lengua y la identidad, toda la raíz, la sabia, la rama, la flor y la semilla que nuestros padres y madres nos encomendaron y en nuestras mentes y corazones quisieron sembrar para que nunca jamás se olvidara o se perdiera.

Que no somos una suma de individuos dispersos por el mundo, sino una viva armonía de colores y de voces, un constante latido de deseos y pensamientos que se nacen, se crecen y se fecundan amorosamente en un sólo corazón y voluntad, tejido de esperanza. A esta existencia y forma de pensar armónica y colectiva la llamamos comunalidad.

Que no renunciaremos a ser lo que somos. Que continuaremos defendiendo nuestra autonomía y, al defenderla, defenderemos también la de todos los todos que, como nosotros, quieran vivir con dignidad su diferencia, su color, su canto, su visión propia de la vida y de la libertad. Que por todo esto, exigimos:

PRIMERO: El reconocimiento constitucional de los Derechos de los Pueblos Indios, conforme a la iniciativa de reforma constitucional elaborada por la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa), que nosotros asumimos como nuestra propia iniciativa, por ser ésta la que recoge, en su espíritu y su letra, los Acuerdos de San Andrés firmados por el gobierno federal y el EZLN el 16 de febrero de 1996, en materia de Derechos y Cultura Indígena.

SEGUNDO: El reconocimiento constitucional de nuestra existencia plena como Pueblos indígenas, para que podamos gozar así de nuestro derecho a establecer libremente nuestra condición política y cuidar, proteger y promover nuestro desarrollo económico, social y cultural.

TERCERO: El reconocimiento constitucional de nuestro inalienable derecho a la libre determinación expresado en la autonomía en el marco del Estado mexicano y ejercer así nuestra capacidad para decidir nuestro destino en todos los ámbitos de la vida cotidiana, tales como la economía, la política, la procuración y administración de justicia, los asuntos territoriales, la cultura y educación y todos los aspectos sociales, con una identidad y conciencia propia y con la suficiente capacidad de apertura para relacionarnos con los demás ciudadanos del país y del mundo.

CUARTO: El reconocimiento constitucional de nuestros Territorios y Tierras ancestrales que representan la totalidad de nuestro hábitat en donde reproducimos nuestra existencia material y espiritual como pueblos, para poder conservarlos íntegramente y mantener la tenencia comunal de nuestras tierras, pues sólo así es posible preservar nuestra cohesión social, conservar las formas de trabajo gratuito y colectivo en beneficio de toda la comunidad y asegurar el patrimonio y el futuro de les próximas generaciones. Para nosotros, pueblos indios, pueblos verdaderos, nuestra Madre Tierra es sagrada, así como son sagrados todos los seres que habitan en ella, los animales, las plantas, los ríos, los montes, las cuevas, los valles, los recursos biológicos y el conocimiento que nuestros pueblos tienen sobre ellos. No son una mercancía que se compra o se vende. Por eso no podemos aceptar la destrucción de nuestros territorios por las imposiciones de proyectos y megaproyectos que en diversas regiones indígenas del país están pretendiendo imponer tanto el gobierno federal como los respectivos gobiernos estatales.

No podemos aceptar los planes de desarrollo que impulsan los gobiernos estatales y federal si no se da la participación efectiva de los pueblos indios, ni podemos aceptar las legislaciones que se están efectuando en los estados o en asuntos federales que afectan a los pueblos indígenas sin contar con la aprobación de los pueblos. Exigimos la moratoria a todos los proyectos de prospección (exploración) sobre biodiversidad (recursos biológicos), minería, agua, etcétera, y a todas las actividades de biopiratería que se realizan en nuestros territorios y en nuestro país, hasta que los pueblos indios hayan discutido en su propio tiempo y condiciones los temas relativos al control de sus recursos.

QUINTO: El reconocimiento de nuestros sistemas normativos indígenas en la construcción de un régimen jurídicamente pluralista que armonice las diversas concepciones y prácticas de regulación del orden social que conforman la sociedad mexicana.

SEXTO: La desmilitarización de todas las regiones indígenas del país.

SÉPTIMO: La liberación de todos los presos indígenas del país que se encuentran privados de su libertad por haber luchado por la defensa de la autonomía y el respeto a nuestros derechos, individuales y colectivos.

Para lograr estos grandes objetivos, llamamos a nuestros hermanos y hermanas indígenas del país, a todos los pueblos, comunidades y organizaciones, a todo el movimiento indígena nacional, a unir nuestros corazones y voces en un sólo corazón y una sola voz: por el reconocimiento constitucional de nuestros derechos colectivos. Primero la reforma constitucional y, posteriormente, la reforma de las leyes y las instituciones.

Llamamos a las organizaciones que trabajan en las regiones indígenas a que iniciemos ya la reconstitución de nuestros pueblos indígenas revisando aquellas prácticas que, más que unirnos, nos dividen y nos dispersan, y elaborando líneas de trabajo conjuntas que sean coherentes con los momentos históricos que estamos viviendo. Los llamamos a la creación de espacios regionales y estatales que nos lleven verdaderamente a fortalecer al Congreso Nacional Indígena como el espacio de encuentro para todos.

Llamamos a todos los hermanos y hermanas de la sociedad civil a que se manifiesten por el reconocimiento de los derechos de los pueblos indios, acompañando la marcha por la dignidad indígena, encabezada por la delegación zapatista, que viaja hacia la ciudad de México para dialogar con el Congreso de la Unión. A su corazón y pensamiento, hermanos todos, acudimos.

Comunidad Indígena de Nurío, Michoacán, 4 de marzo de 2001.

Nunca más un México sin Nosotros

Por la reconstitución integral de nuestros pueblos

Por el reconocimiento constitucional de nuestros derechos colectivos

Congreso Nacional Indígena

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Resolutivos de la Primera Asamblea del Congreso Nacional Indígena, Malacachtepec, Momoxco, Milpa Alta, 20 de noviembre de 1996.

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Primera resolución

CONSIDERANDO

PRIMERO: Que el Congreso Nacional Indígena es un espacio construido por todos para que se encuentren nuestros pueblos, se hablen nuestros corazones, se crezca nuestra palabra y se encauce nuestra lucha, y es una forma de servirnos unos a otros para engrandecer a nuestros pueblos y poder lograr nuestros objetivos comunes.

SEGUNDO: Que el Congreso Nacional Indígena reunido del 8 al 11 de octubre de 1996 llegó a consensos claros que fueron asumidos por todos los participantes, y que el principal de ellos fue el de asumir y defender el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés Sakamch’en de los Pobres, Chiapas.

TERCERO: Que para darle seguimiento a nuestros acuerdos, el Congreso Nacional Indígena determinó una primera Asamblea Nacional Indígena en la comunidad de Milpa Alta, D.F. el día 20 de noviembre de 1996.

CUARTO: Que el Congreso Nacional Indígena dio su mandato a esta Asamblea  Nacional Indígena de avanzar en la toma de acuerdos sobre las formas en que debemos seguir caminando juntos para crecer en la unidad y para hacer operativos los consensos y acuerdos ya tomados.

QUINTO: Que nuestra forma de ser y de entender la vida, como pueblos indígenas no busca reproducir las formas de dominación o de control con que durante tantos años nos han oprimido los grupos de poder en el país, sino por el contrario, establecer nuevas formas de vivir la democracia, basándonos en los principios siguientes:

1. Servir y no servirse

2. Construir y no destruir

3. Obedecer y no mandar

4. Proponer y no imponer

5. Convencer y no vencer

6. Bajar y no subir

7. Enlazar y no aislar

SEXTO: Que tenemos ya acumulada una gran cantidad de tareas urgentes que debemos atender, y que estamos conscientes de que todos tenemos la responsabilidad de asumirlas para fortalecer nuestra unidad y alcanzar nuestros objetivos,

SE RESUELVE

PRIMERO: Impulsar las reformas constitucionales, de leyes secundarias y de instituciones y políticas públicas que den cumplimiento a los Acuerdos de San Andrés Sakamch’en de los Pobres, sobre Derechos y Cultura Indígena.

SEGUNDO: Crear una instancia de seguimiento que será llamada «Comisión de Seguimiento del Congreso Nacional Indígena».

TERCERO: Que a partir del trabajo en las diferentes regiones y comunidades, privilegiando su palabra y garantizando que a ellas ha de regresar, las tareas de esta comisión serán las de ejecutar y dar seguimiento a los acuerdos; elaborar diagnósticos, análisis y alternativas de solución; elaborar propuestas y programas de trabajo y favorecer el enlace y la comunicación entre los grupos de trabajo.

CUARTO: Que esta Comisión estará integrada por diez Grupos de Trabajo que atenderán los siguientes asuntos:

a) Sobre la Comisión de Seguimiento y Verificación de los Acuerdos de San Andrés.

b) Sobre legislación indígena.

c) Sobre tierra y territorio.

d) Sobre justicia y derechos humanos.

e) Sobre autodesarrollo económico y bienestar social.

f) Sobre cultura y educación.

g) De comunicación.

h) Sobre mujeres.

i) Sobre los jóvenes.

j) Sobre indígenas migrantes.

QUINTO: Que cada uno de los Grupos de Trabajo estará compuesto mínimamente por cinco miembros titulares, representantes de organizaciones o pueblos indígenas.

SEXTO: Que cada Grupo de Trabajo designará a un compañero que fungirá como responsable.

SÉPTIMO: Que los diez responsables, uno por cada Grupo, formarán una coordinación de la Comisión de Seguimiento, y deberán asumir las tareas de finanzas, relaciones internacionales, orientación política y ser portavoces del funcionamiento del Congreso.

OCTAVO: Que los miembros integrantes de los Grupos de Trabajo son ante todo servidores que asumirán como principio el espíritu de nuestros pueblos de laborar de cara a los demás; la palabra que se exprese será la derivada del consenso, evitando negociaciones que afecten a la integridad e imagen del Movimiento Indígena Nacional. Los aspectos relacionados al funcionamiento de los Grupos de Trabajo quedan asentados en la Relatoría General de la Asamblea.

NOVENO: Que la Comisión de Seguimiento tendrá como sede de trabajo el local ubicado en la avenida Prolongación Cuauhtémoc No. 50, Barrio Palchimalco, San Pedro Actopan, Milpa Alta, D.F., y con Teléfono (5) 844-314.

DÉCIMO: Llevar a consulta a las comunidades el documento que contiene los principios fundamentales del movimiento indígena.

DÉCIMO PRIMERO: Apoyar, a partir de la presente fecha, la movilización nacional para exigir el reconocimiento constitucional de nuestros derechos individuales y colectivos conforme a los Acuerdos de San Andrés.

DÉCIMO SEGUNDO: Que debido a los constantes y persistentes atropellos que nuestros pueblos siguen sufriendo, la militarización y la represión sistemática, se realice el siguiente

PRONUNCIAMIENTO

PRIMERO: Esta Asamblea Nacional Indígena protesta enérgicamente por las constantes y sistemáticas violaciones a nuestros derechos y garantías constitucionales, en diferentes partes del país, y exigimos el inmediato respeto a nuestros derechos humanos.

SEGUNDO: Sabedores de que el gobierno trata de manipular una consulta sobre la iniciativa de la OEA en relación a los derechos de los pueblos indios, exigimos que esta consulta parta verdaderamente de la palabra de las comunidades y pueblos indígenas, y se tome en consideración especialmente la palabra del Congreso Nacional Indígena.

¡NUNCA MÁS UN MÉXICO SIN NOSOTROS!

Milpa Alta, D.F., 20 de noviembre de 1996.

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Declaración del I Congreso Nacional Indígena 1996

«NUNCA MÁS UN MÉXICO SIN NOSOTROS»

Los representantes de pueblos y organismos indígenas reunidos en el Congreso Nacional Indígena del 8 al 12 de octubre de 1996 en la Ciudad de México proclamamos solemnemente la siguiente declaración:

CONSIDERANDO la historia de explotación y discriminación que por 504 años hemos sufrido los pueblos indios, a lo largo de los cuales se ha desconocido nuestra capacidad de conducir nuestro destino.

REAFIRMANDO: la continua resistencia indígena que en los últimos veinte años se ha manifestado en el auge de sus movimientos para responder con vigor a esas condiciones y a los múltiples intentos de cooptación gubernamental.

OBSERVANDO: que mientras algunos sectores de la sociedad ofrecen creciente solidaridad a esos movimientos, otros sectores siguen manteniendo actitudes de discriminación y exclusión.

DENUNCIANDO: que la respuesta del gobierno a nuestra legítima movilización ha sido la militarización de casi todas las regiones indígenas y rurales del país, la persecución de organizaciones y dirigentes, el engaño, la mentira y la amenaza prepotente.

DECLARAMOS

Que honramos hoy, como siempre, a quienes nos hicieron pueblos y nos han permitido mantener contra todo y contra todos, nuestra Libre Determinación. Que honramos a quienes nos enseñaron a seguir siendo lo que somos y a mantener la esperanza de la libertad.

Que en su nombre hablamos hoy para decir a todos nuestros hermanos y hermanas del país que se construyó en nuestros territorios y se nutrió de nuestras culturas, que venimos a hacer, junto con ellos, una Patria Nueva. Esa patria que nunca ha podido serlo verdaderamente porque quiso existir sin nosotros.

Que estamos levantados. Andamos en pie de lucha. Venimos decididos a todo, hasta la muerte. Pero no traemos tambores de guerra sino banderas de paz. Queremos hermanarnos con todos los hombres y mujeres que al reconocernos, reconocen su propia raíz.

Que no cederemos nuestra autonomía. Al defenderla defenderemos la de todos los barrios, todos los pueblos, todos los grupos y comunidades que quieren también, como nosotros, la libertad de decidir su propio destino, y con ellos haremos el país que no ha podido alcanzar su grandeza. El país que un pequeño grupo voraz sigue hundiendo en la ignominia, la miseria y la violencia.

Que por todo esto

EXIGIMOS:

PRIMERO: el reconocimiento jurídico constitucional de nuestra existencia plena como pueblos y de nuestro inalienable derecho a la libre determinación expresado en la autonomía en el marco del Estado Mexicano.

SEGUNDO: el reconocimiento constitucional de nuestros territorios y tierras ancestrales que representan la totalidad de nuestro hábitat en donde reproducimos nuestra existencia material y espiritual como pueblos.

TERCERO: el reconocimiento de nuestros sistemas normativos indígenas en la construcción de un régimen jurídicamente pluralista que armonice las diversas concepciones y prácticas de regulación del orden social que conforman la sociedad mexicana.

CUARTO: el reconocimiento de nuestras diferencias y nuestra capacidad para gobernarnos con una visión propia en que la autonomía y la democracia se expresan como poder del pueblo.

QUINTO: en general, el reconocimiento de todos nuestros derechos sociales, políticos y culturales para la afirmación, florecimiento y perduración de nuestras comunidades y pueblos.

SEXTO: el cumplimiento inmediato y completo de los Acuerdos de la Mesa 1 sobre Derechos y Cultura Indígena del Diálogo de San Andrés Sakamch’en de los Pobres, Chiapas, que constituye un primer paso ya conquistado por los pueblos indígenas, así como los acuerdos de este Congreso y la inmediata constitución de la Comisión de Verificación y Seguimiento.

SEPTIMO: la desmilitarización de las zonas indígenas del país, el cese al hostigamiento a organizaciones indígenas y sociales y a sus dirigentes, la liberación de los presos políticos y de los indígenas injustamente detenidos, y en particular, de los presuntos zapatistas presos.

PROPONEMOS

I: Participar en la construcción de un nuevo pacto social que se base en el reconocimiento de nuestra pluralidad, la diversidad de nuestras culturas y la riqueza de nuestras diferencias.

II: Avanzar hacia una nueva Constitución que con la efectiva participación de todos y todas recoja un proyecto incluyente y plural.

III: Realizar las reformas de la Constitución, las leyes y las instituciones existentes, a fin de crear los espacios políticos que encaucen nuestra transición a la democracia y estimulen un auténtico diálogo nacional hasta llegar a un Congreso Constituyente efectivamente democrático.

IV: Guiar nuestra lucha por una voluntad continua e incansable de transformarnos pacíficamente y conquistar día tras día una paz con justicia y dignidad; una paz con democracia y libertad.

V: Intensificar la lucha por la satisfacción de nuestras demandas pendientes, en particular, para el reconocimiento de los niveles regionales de autonomía, las reformas al artículo 27 que garanticen el respeto a la tierra y territorio de los pueblos indígenas, y el reconocimiento del pluralismo jurídico, entre otras.

Para alcanzar estos grandes objetivos, llamamos a todos nuestros hermanos y hermanas indígenas, a todos los pueblos, comunidades y organizaciones, a todo el movimiento indígena nacional, a mantener unidos nuestros corazones para fortalecer la unidad del movimiento indígena nacional y nutrir así, de esperanza nuestra lucha y de paz nuestro futuro. Desarrollaremos un programa de lucha, de unidad, de resistencia, de reconstrucción, de transformación de nuestra sociedad. Así mismo, hacemos un llamado fraternal a un Gran Diálogo con la Sociedad Civil para buscar juntos la transformación de México hacia una sociedad más justa, humana y democrática. Hoy decimos:

NUNCA MÁS UN MÉXICO SIN NOSOTROS.

NUNCA MÁS UN INDIO CONTRA SU HERMANO.

NUNCA MÁS UN PUEBLO SIN ESPERANZA.

PROCLAMADA EN LA CIUDAD DE MÉXICO

EL 11 DE OCTUBRE DE 1996.

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